«Yo sé que tengo que dejarlo, pero no puedo.»
Esta es una frase que escuchamos mucho cuando una persona lleva tiempo intentando cambiar un hábito.
Puede tratarse del cigarrillo.
El alcohol.
La comida.
El juego.
O cualquier comportamiento que haya comenzado a ocupar un espacio demasiado grande en nuestra vida.
Y quiero empezar por algo importante:
No te ayuda llamarte débil.
Los hábitos y las conductas adictivas pueden involucrar factores psicológicos, sociales y biológicos. Por eso normalmente no basta con decir simplemente «ten fuerza de voluntad

¿Por qué repetimos algo que sabemos que nos hace daño?
Porque nuestro cerebro aprende asociaciones.
Puede ocurrir algo así:
Estrés → consumo.
Soledad → consumo.
Ansiedad → consumo.
Aburrimiento → consumo.
Y poco a poco la conducta empieza a convertirse en una respuesta automática.
Por eso, cuando queremos cambiar, no basta con eliminar el comportamiento.
También necesitamos aprender qué hacer cuando aparece aquello que anteriormente lo desencadenaba.
¿Dónde puede entrar la hipnosis?
La hipnosis clínica puede utilizarse como complemento en procesos relacionados con determinados hábitos y conductas. La literatura de la APA contempla aplicaciones de hipnoterapia en modificación de hábitos, aunque la evidencia varía según el problema específico.
Por eso prefiero hablar de la hipnosis como una herramienta dentro de un proceso, no como una solución milagrosa.
Antes de intentar cambiar, observa
Durante una semana puedes hacer algo muy sencillo.
Cada vez que aparezca la necesidad de realizar ese comportamiento, anota:
¿Qué estaba sintiendo?
¿Dónde estaba?
¿Con quién estaba?
¿Qué había ocurrido justo antes?
¿Qué esperaba conseguir al hacerlo?
Quizás descubras algo importante.
Tal vez no estás buscando realmente el cigarrillo.
Estás buscando cinco minutos de tranquilidad.
Quizás no estás buscando realmente beber.
Estás intentando escapar de una emoción.
Quizás no estás buscando comer.
Estás intentando calmar una sensación de vacío.
Y cuando descubrimos la necesidad que existe detrás del hábito, podemos comenzar a buscar alternativas más saludables.
Algunos cambios que puedes comenzar a practicar
1. Retrasa la conducta.
Cuando aparezca el impulso, intenta esperar unos minutos antes de actuar.
2. Cambia de ambiente.
Levántate, sal a caminar, toma una ducha o llama a alguien.
3. Haz ejercicio.
El movimiento puede ayudarte a gestionar el estrés y mantener una rutina más saludable.
4. Identifica tus desencadenantes.
Conocer cuándo aparece el impulso es fundamental.
5. No intentes hacerlo completamente solo si el problema es serio.
Si existe una dependencia importante, buscar ayuda profesional puede marcar una diferencia enorme.
Y si existe consumo de sustancias con riesgo de abstinencia, especialmente alcohol o determinados fármacos, no es recomendable intentar suspenderlos bruscamente sin orientación médica.
Un tropiezo no significa que hayas perdido
Una de las cosas que más daño hacen durante un proceso de cambio es pensar:
«Ya fallé, así que todo está perdido.»
No.
Un tropiezo es información.
Pregúntate:
«¿Qué ocurrió esta vez que necesito aprender para la próxima?»
Y continúa.
Cambiar no significa nunca volver a equivocarte.
Significa aprender a levantarte cada vez que sucede.
